El contenido quiere ser libre

Durante más de un año he criticado la estrategia de algunas editoriales de distribuir contenido por medio de aplicaciones que funcionan exclusivamente en iPad. Es una estrategia podrida desde la raíz, por tres grandes motivos:

  1. Le entregas tu modelo de negocio a la persona que aprueba (o no) las aplicaciones: una persona que además, no conoces, con la que no tienes trato y con la que no puedes hablar directamente. Tu distribución es exclusiva en iPad, exclusivamente en una aplicación. ¿Qué pasa si la retiran del App Store? — ¿Qué pasa si durante semanas o meses no hay forma de que la vuelvan a aprobar? — ¿Cierra el negocio?
  2. No hay forma de compartir contenido de forma natural. Algunos lo han solucionado a medias reproduciendo parte del contenido en otros soportes, pero la gran mayoría no lo hace porque quieren que se pague por acceso al contenido. Un sistema que se probó fallido cuando la industria audiovisual lo intentó con el DRM.
  3. Limitación de plataformas: ¿Estamos en 1993 cuando los formatos eran específicos a un solo sistema operativo? No, es 2012 en donde hay esfuerzos enfocados en que el contenido pueda ser visto y ser accesible en cualquier plataforma independientemente del fabricante, del formato o del sistema operativo. ¿Por qué entonces la estrategia de un sector editorial es justamente lo contrario? Obligarnos a usar un solo dispositivo para poder obtener el contenido.

Parte del argumento de algunas cabezas visibles en la industria editorial es que simplemente están siguiendo el camino trazado por Steve Jobs y Apple con respecto al futuro del acceso al contenido, a pagar por él y tener acceso únicamente desde un dispositivo móvil con iOS, en forma de aplicación.

Pero resulta que la línea de Apple con respecto al contenido no necesariamente va por ahí. Puede que haya sido una primera aproximación, que era la equivocada en mi opinión. La estrategia ha cambiado la reciente salida de iBooks 2 (con su respectivo evento para anunciarlo), cómo funciona iBooks Author y las políticas de iBooks Store lo confirman.

Resulta que iBooks Store no sigue las mismas reglas del App Store. Yo puedo publicar mi contenido ahí sin necesidad de pasar por un proceso de aprobación. Sí, hay consideraciones, pero son las similares a las de Amazon y otras tiendas de contenido en formato electrónico, las cuales se basasn en el principio que el distribuidor no tiene por qué decidir o sostener la vara que determina qué tiene calidad y que no tiene por qué ser un filtro de contenidos.

Por otro lado Apple recientemente lanzó iBooks Author que es un software para Mac OS X que te permite crear libros que se pueden publicar en iBooks Store. Pueden ser interactivos, pero también pueden ser estáticos como cualquier otro ebook que se ha publicado en el pasado, pero resulta que este puede ser publicado en otros formatos: texto y PDF.

export

Puede que sea un pequeño detalle pero al mismo tiempo es un muy gran declaración: el contenido debe ser libre. Apple te hace lo más sencillo distribuir tu contenido en su tienda, con su formato propietario o exportarlo en PDF y hacer lo que te de la gana con el contenido, y no hay formato de publicación más universal que el PDF. Se ve bien en casi cualquier pantalla, de casi cualquier tamaño, se puede leer en casi cualquier dispositivo (portátil o no) y se ve muy bien impreso respetando el diseño original.

Cuando decidimos empezar a publicar ebooks en Hipertextual queríamos respetar esta máxima: nuestro contenido debe ser libre, y con libre no me refiero a gratis, sino que debemos asegurarnos que pueda ser leído en casi cualquier lugar, que puedan copiar el texto, que puedan tomar el archivo y enviárselo a los amigos, que un profesor pueda imprimirlo y repartido a sus estudiantes (varios docentes nos han escrito pidiéndonos permiso para eso).

Nuestra estrategia es regalar el PDF (con previo registro o totalmente libre si es patrocinado) y vender la publicación en el Kindle. Aún regalándolo dos de nuestros ebooks han sido best sellers en Amazon.

Dar opciones es respetar a nuestra audiencia, es entender que no todos tienen un iPad, que no todos están dispuestos a decargar una aplicación y después esperar hasta media hora para descargar un ejemplar de 350MB, que les gusta guardarse el PDF en su Dropbox para que los amigos lo lean. Que si lo compran para Kindle puedan “prestarlo” a otras personas sin costo alguno.

Cuando empezamos con los ebooks no nos imaginábamos que meses más tarde Apple sacaría una aplicación diseñada específicamente para hacer justamente aquello que era parte de nuestra visión. Me da gusto saber que, sin darnos cuenta, estamos recorriendo el mismo camino.


Miércoles, Febrero 1, 2012